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Las gentes: el desarrollo social inclusivo

Selina Akter, second year midwifery student, plays the role of a mother as students practise postnatal care at the Dinajpur nursing institute in Bangladesh.

CREDIT: Nicolas Axelrod / Ruom for UNFPA

Las gentes: el desarrollo social inclusivo

El desarrollo social provoca mejoras en el bienestar y la igualdad entre los seres humanos y es compatible con la democracia y la justicia. La educación es un potente factor posibilitador y un aspecto clave del desarrollo social. Es fundamental para conseguir que las gentes puedan llevar vidas saludables y mejorar las vidas de sus hijos. Puede impulsar
la igualdad de género al empoderar a las poblaciones vulnerables, formadas mayoritariamente por niñas y mujeres.

La educación está interrelacionada con otros sectores, lo mismo que la salud, la nutrición, el agua y las fuentes de energía son esenciales para la educación. La salud de los niños determina su capacidad para aprender, la infraestructura de salud puede utilizarse para dispensar enseñanza, y para que el sector educativo funcione es indispensable que los docentes estén en buen estado de salud.

A fin de cuentas, para afrontar los desafíos multidimensionales de la pobreza hace falta un enfoque holístico del desarrollo humano.

EL DESARROLLO SOCIAL INCLUSIVO ES ESENCIAL PARA QUE HAYA FUTUROS SOSTENIBLES PARA TODOS

El desarrollo social inclusivo exige la prestación universal de servicios esenciales como la educación, la salud, el agua, el saneamiento, la energía, la vivienda y el transporte, cosa que está muy lejos de ser el caso en la actualidad. Aunque se ha progresado, también sigue sin alcanzarse la verdadera igualdad de género en la mayoría de los países; por ejemplo, las mujeres realizan por lo menos el doble de trabajo no remunerado que los hombres y a menudo trabajan en el sector informal de la economía.

Las mujeres realizan por lo menos el doble de trabajo no remunerado que los hombres. Click to Tweet

El desarrollo social inclusivo exige atajar las arraigadas marginación y discriminación en contra de las mujeres, las personas con discapacidad, las poblaciones indígenas, las minorías étnicas y lingüísticas, las poblaciones refugiadas y desplazadas, entre otros grupos vulnerables. Para cambiar normas discriminatorias y empoderar a las mujeres y los hombres, se pueden mejorar la educación y los conocimientos que transmite a fin de influir en los valores y las actitudes.

Muchos grupos se encuentran marginados por lo que hace al acceso a la educación y la calidad de esta, entre ellos, minorías raciales, étnicas y lingüísticas, personas con discapacidad, pastores, habitantes de villas miseria, niños con VIH y niños y huérfanos ‘no inscritos’. A las diferencias de ingresos, lugar en que se vive, etnia y género se deben las pautas de marginación educativa que existen dentro de los países. La pobreza es de lejos el mayor obstáculo a la educación. Entre las personas de 20 a 24 años de edad de 101 países de ingresos bajos y medios, las más pobres tienen en promedio cinco años de estudios escolares menos que las más ricas; la diferencia es de 2,6 años entre los habitantes de zonas urbanas y los de zonas rurales y de 1,1 año entre las mujeres y los hombres.

Estos factores a menudo se superponen. Por ejemplo, las mujeres de procedencias pobres, marginadas étnica o espacialmente, muchas veces salen peor paradas que sus homólogos varones. En la mayoría de los países, menos de la mitad de las mujeres pobres de las zonas rurales poseen rudimentos de lectura, escritura y aritmética. En países como Afganistán, Benin, Chad, Etiopía, Guinea, Pakistán y Sudán del Sur, donde las disparidades son extremas, las jóvenes más pobres han cursado menos de un solo año de estudios escolares.

LA EDUCACIÓN MEJORA LOS RESULTADOS DEL DESARROLLO SOCIAL

La educación puede mejorar los resultados del desarrollo social en toda una serie de ámbitos, singularmente en la salud y la condición social de la mujer. Proporciona competencias y conocimientos específicos sobre salud y nutrición, cambiando el comportamiento de maneras que mejoran el estado de salud. En la India, Indonesia, el Paraguay y la República Unida de Tanzania, los pacientes pobres y menos instruidos tenían acceso a doctores menos competentes.

Las intervenciones que se llevan a cabo en las escuelas, como las comidas y las campañas de salud, pueden repercutir de modo inmediato en la salud. A la inversa, la provisión de comidas en las escuelas puede aumentar la asistencia a ellas. En las zonas rurales del norte de Burkina Faso, los almuerzos diarios en las escuelas y el reparto de raciones para llevarse a casa aumentaron la matriculación femenina de cinco a seis puntos porcentuales al cabo de un año.

 

Cuatro años más de estudios escolares en Nigeria reducen las tasas de fertilidad en un nacimiento por muchacha. Click to Tweet

Las intervenciones que se llevan a cabo en las escuelas pueden proporcionar información sobre la salud y dar lugar a un cambio de comportamiento. Muchas intervenciones en las escuelas relativas al agua, el saneamiento y la higiene mejoran la salud y la equidad económica y de género. En Finlandia, se considera que las comidas en los establecimientos escolares son una inversión en aprendizaje y una manera de enseñar hábitos alimenticios duraderos y de promover la conciencia de que hay que elegir los alimentos que se toman.

Las personas y las sociedades salen beneficiadas cuando las niñas y las mujeres reciben una mejor educación de calidad. La educación amplía las oportunidades laborales de las mujeres. La alfabetización ayuda a las mujeres a tener acceso a información sobre sus derechos sociales y jurídicos y los servicios de asistencia social. La educación puede incrementar la participación de las mujeres en la política al dotarles de competencias que les permitan intervenir en procesos democráticos. Los bajos niveles de instrucción son un importante factor de riesgo en los casos de violencia perpetrada por allegados.

Las madres con mayor instrucción son más capaces de alimentar bien a sus hijos y de mantenerlos en buena salud. La educación de las madres también tiene poderosos efectos intergeneracionales, pues modifica las preferencias de las familias y las normas sociales. Se ha calculado que cuatro años más de estudios escolares en Nigeria reducen las tasas de fertilidad en un nacimiento por muchacha. La educación de breve duración que da apoyo a madres de niños pequeños puede influir enormemente en su salud y su nutrición. La educación no formal selectiva puede ser eficaz para ayudar a las mujeres a planificar su descendencia.

La educación puede disminuir la mortalidad materna. Aumentar la educación femenina de cero a un año evitaría 174 fallecimientos de madres por cada 100.000 nacimientos.

EL DESARROLLO SOCIAL INFLUYE EN LA EDUCACIÓN

Igual que la educación tiene efectos positivos en el desarrollo social, este influye en la educación, positivamente o cuando no es inclusivo negativamente. La salud y la nutrición son una base de los sistemas educativos: condicionan la capacidad de los niños para asistir a clase y aprender y la capacidad de sus familias para darles apoyo. En Kenya, las niñas a las que se dispensó un tratamiento vermífugo tenían un 25% más de probabilidades de aprobar el examen nacional de final de la enseñanza primaria. Las condiciones de vida en la primera infancia sientan las bases del aprendizaje. El acceso de los profesores a atención de salud de calidad salud puede disminuir el ausentismo y las bajas por ’desgaste’.

El acceso a agua, saneamiento, higiene y energía tiene una influencia positiva en la educación. En Ghana, la reducción a la mitad del tiempo dedicado a acarrear agua aumentó la asistencia a la escuela de las niñas y muchachas, especialmente en las zonas rurales. En el Perú rural, paralelamente a que la cantidad de hogares con acceso a electricidad aumentase del 7,7% en 1993 al 70% en 2013, el tiempo de estudio de los niños aumentó en 93 minutos al día.

HACEN FALTA INTERVENCIONES SOCIALES Y EDUCATIVAS INTEGRADAS

El avance de la paridad de género en la enseñanza escolar no se ha plasmado sistemáticamente en igualdad de género. Por ejemplo, en países asiáticos como el Japón y la República de Corea, en los que ha aumentado la escolarización femenina, la participación en ella de las trabajadoras sigue siendo reducida a pesar de la demanda de mano de obra
instruida que existe a causa del envejecimiento de la fuerza de trabajo. De modo similar, es imposible que haya un cambio sostenido de comportamientos en materia de salud si solo se llevan a cabo intervenciones en el campo de la educación.

Estas pautas ponen de relieve la necesidad de intervenciones y políticas más amplias que integren la educación con acciones como cambios en la legislación o políticas relativas a la mano de obra. Los programas de protección social que buscan reducir el riesgo y la vulnerabilidad –las pensiones, las transferencias de efectivo y la microfinanciación, por ejemplo– pueden dar resultados en muchos ámbitos, desde disminuir la pobreza a mejorar el acceso a la educación. Por ejemplo, unas políticas favorables a las familias y disposiciones sobre el trabajo flexible pueden alentar la participación constante de las mujeres en la población activa.

Puede ser eficaz afrontar los sesgos sexuales arraigados hondamente por medio de programas que reúnan a los hombres y las mujeres. En el Brasil, el Programa H comprende sesiones de educación en grupo, campañas encabezadas por jóvenes y activismo encaminados a transformar los estereotipos de género entre los jóvenes; lo han adoptado más de 20 países.